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Para la mayoría esta historia que hoy cambiará de rumbo en forma importante, empezó tan solo hace 4 años cuando apareció el iphone, para otros más afiebrados,  hace 10 cuando apareció el Ipod. Para nosotros inició hace más de 25 años. Empezamos escribiendo los trabajos de la universidad en un Apple II de la oficina de mi mamá. Era un engendro con pantalla de fondo gris verdoso letras verde clarito. Ahí llevaban la contabilidad de la oficina, y nos lo prestaban después de cerrar. En esa máquina le hacíamos los trabajos a Luisfer y tal vez por eso nunca aprendió a redactar bien. Luego mi mamá compró un Macintosh Classic, era una pantallita blanco y negro, cuadrada como de 10 pulgadas, metida en un caja color beige. Funcionaba perfecto, para escribir y hacer esquemas. A veces sacaba una bombita que lo dejaba a uno frío. Sobre todo si no había salvado.

Aún lo tengo en mi casa. Muchos años después fuimos los primeros en Colombia en tener un Media100 montado en un Macintosh840AV, era uno de los primeros sistemas de edición no lineal que llegaban a este país. Era muy inestable, pero a la vez era un milagro, poder editar de esa manera era algo mágico. Como gran cosa tenía un disco externo de 3 gigas. Me acuerdo que costó 26.000 dólares, y que lo compramos para editar un documental que grabamos con Juan Carlos Ortiz, el conocido publicista en el Amazonas. Nos lo vendió Marvin, un judío grandísimo y queridísimo, pero no muy ortodoxo. Cuando el disco externo se bloqueaba Marvin le cascaba un puño y volvía a arrancar. Sobra decir, que solo pudimos hacer el offline en el Mac, pues en 3 gigas no cabían sino 15 minutos de tomas.  En esos años, uno no veía un Mac en ningún almacén de Colombia, ni siquiera en los almacenes grandes de Estados Unidos como BestBuy o CompUSA. Tocaba ir a Computer Village en Miami o a Tekserve en Nueva York.

En esa época echaron a Steve Jobs de Apple. Y empezaron a sacar clones de los Macintosh, de marca Daystar. Casi acaban con la compañía, era unas chandas espantosas desde todo punto de vista.  Pero afortunadamente como el mismo Jobs lo contaría, fue una época que le sirvió para desarrollar el núcleo del sistema X en Next, que le daría nueva vida a los Mac. En ese momento salió el Imac de colores, y luego ipod, que fue el detonante de la resurrección de Apple.

Eramos como de una logia secreta, como evangelistas de la marca. Nos la pasábamos convirtiendo  agnósticos a la religión. Si miramos el precio de la acción, hay que aceptar que hicimos un excelente trabajo. Cata Diez, la esposa de Juan Carlos, era parte de esta logia, y en la casa de Chapinero Alto, donde teníamos las oficinas, nos la pasábamos dándonos ánimos para invertir en nuevos Macs, así no los necesitáramos. Siempre eran carísimos, mucho más que ahora… 

Por esos mismos años salió el FinalCutPro, que democratizó el acceso a una herramienta de edición decente. De la mano del Final y de los iMacs, nos volvimos una productora hecha y derecha, como decía mi abuela.

Hoy cuando Steve Jobs nos deja, y recordamos cuánto ha cambiado el mundo en estos años, es inevitable sentir tristeza y hasta miedo, pues Apple ha sido un apoyo clave en nuestro oficio. Pero también sentimos mucha emoción por haber estado en la edad y en la profesión perfectas, para haber sido testigos y partícipes de esta historia.

Se un ser de luz, alguien que hizo de los computadores una extensión de nuestra mente, nuestras manos, pero sobre todo nuestra alma.

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